EL FUTURO DEPENDE DE CÓMO USEMOS EL AGUA EN LAS PRÓXIMAS DÉCADAS
La escasez generalizada de agua dulce, su destrucción gradual y su creciente contaminación, así como la implantación progresiva de actividades incompatibles en muchas regiones del mundo, exigen una planificación y una ordenación integradas de los recursos hídricos. Esa integración ha de abarcar todos los tipos de masas interrelacionadas de agua dulce, tanto las aguas superficiales como las subterráneas y ha de tener debidamente en cuenta los aspectos de la cantidad y calidad del recurso.

El problema del agua debe abordarse desde un enfoque integrado vinculando la ordenación del uso de la tierra con la ordenación sostenible del agua, reconociéndolo como un bien económico y fomentando intervenciones efectivas y coordinadas.

Debe reconocerse el carácter multisectorial del aprovechamiento de los recursos hídricos en el contexto del desarrollo socioeconómico, así como la utilización de esos recursos para fines múltiples, como el abastecimiento de agua y el saneamiento, la agricultura, la industria, el desarrollo urbano, la generación de energía hidroeléctrica y otras actividades. Los sistemas racionales de utilización del agua para el aprovechamiento de las fuentes de suministro deben estar apoyados por medidas encaminadas a conservar el agua y reducir al mínimo su derroche.




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