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El agua que habitualmente vemos no está
sola, en su interior contiene sales, minerales y otras sustancias. Esto
sucede porque el agua es un solvente casi universal en la que pueden
encontrarse disueltas innumerables sustancias orgánicas e inorgánicas.
Cuando agregamos una sustancia (soluto)
a otra (solvente)
hacemos una mezcla. Las mezclas pueden ser heterogéneas u homogéneas.
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Una
mezcla es heterogénea cuando sus componentes pueden distinguirse
a simple vista. Por ejemplo: en un recipiente con agua agregamos arena.
Una
mezcla es homogénea cuando no se pueden distinguir sus componentes.
Por ejemplo: en un recipiente con agua agregamos sal y removemos.
A las mezclas homogéneas se las llama soluciones. En estos casos,
el soluto agregado al agua se divide en grupos de tan pocas moléculas
que ya no puede distinguirse, ni aún con microscopio. Aunque sí le puede
dar al agua otro sabor, color u olor.
Así como hay sustancias que se mezclan con el agua y dan como resultado
soluciones, hay otras -como el aceite- que nunca se mezclan homogéneamente
con ella. Se dice entonces que son inmiscibles, que significa "que no
se puede mezclar".
Cuando se agrega al agua una sustancia inmiscible, se obtiene siempre
una mezcla heterogénea.
| ¿SABÍAS
QUE...? |
| La
temperatura influye en las soluciones
Al
azucarar un té, veremos que se disuelve mejor mientras más
caliente esté el agua. En otro ejemplo, si queremos agregar
azúcar a un jugo de naranja bien frío, será muy difícil
disolverla. La conclusión que sacamos es que la temperatura
influye en la preparación de las soluciones. La cantidad
de azúcar que podamos disolver dependerá de la cantidad
de azúcar, de la cantidad de agua y de la temperatura de
ésta. Podemos decir entonces que a una determinada temperatura
hay una cantidad máxima de soluto que se puede disolver
en el solvente. Esto se denomina solubilidad. La solubilidad
varía de acuerdo con la temperatura. En la mayoría de los
casos aumenta. |
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